juegos de cartas

Juegos de cartas para los más pequeños

1. Cada oveja con su pareja

Coloca todas las cartas boca abajo en cuatro filas. Cada jugador está autorizado a levantar dos cartas para intentar formar una pareja (dos tres, dos caballos, dos sietes…). Si no lo logra, dará la vuelta a esas dos cartas y el turno pasa al siguiente. Si encuentra la pareja, tendrá una nueva oportunidad para levantar dos naipes más. El vencedor es quien obtenga más cartas al final de la partida.

2. ¡Va de farol!

Reparte todas las cartas entre los jugadores. El que empieza, coloca una boca abajo e indica su valor, por ejemplo, un seis. El resto de participantes, en turnos sucesivos, deben ir completando la baraja. Si no tiene la carta adecuada, puede mentir pero, si uno sospecha, debe decirle: “¡Vas de farol!”, y levantarla. El mentiroso debe recoger todos los naipes de la mesa e incorporarlos al montón con que está jugando. Si dijo la verdad, es el delator quien se los lleva. Gana el juego quien se quede antes sin cartas.

3. Pequeños constructores

No es tarea fácil. Construir una torre de naipes requiere habilidad y paciencia, pero el resultado es espectacular. Para conseguirlo, coloca dos cartas formando un triángulo equilátero con respecto a la base, añadiendo a continuación más cartas, siempre en parejas. Cuando tengas la base, edifica el suelo del siguiente piso colocando nuevos naipes. En cada nivel de ascenso deberás colocar un triángulo menos para que tu torre vaya decreciendo. Empieza con tres pisos y ve ampliando tu construcción poco a poco.

4. La más alta

El tradicional juego de la carta corrida puede entretenerles una tarde completa. Da una a cada pequeño colocándola siempre boca abajo; sólo él puede verla. Como el objetivo de la partida es lograr el naipe más alto –siendo el as la de superior valor, después el rey, la reina y así sucesivamente–, si considera que el suyo es bajo, puede intercambiarlo con el jugador de la derecha. Dales unos céntimos de euro para que el que pierda, pague.

5. Una jungla en el salón

Para este juego necesitarás una baraja de cartas y algunas monedas de céntimo de euro. Cada jugador elige el sonido de un animal diferente. Una vez que os hayáis aprendido todos, repartiréis cartas de una en una. Cuando dos jugadores tengan naipes iguales –dos sotas, dos sietes o dos ases– cada uno de ellos tendrá que hacer el ruido del contrario. El que lo haga antes le quita una moneda al otro. Ganará el que más monedas obtenga cuando se hayan repartido todas las cartas.

6. La triste sota

Coge una baraja española y saca todas las sotas salvo la de copas y reparte todas las cartas entre los jugadores. Cada uno forma el máximo número de parejas que pueda con sus cartas y las coloca encima de la mesa. Por turnos, cada jugador roba una carta del jugador que está a su derecha. Si puede, forma una nueva pareja y roba otra vez. Si no, le toca al jugacdor que está a su izquierda robar una de sus cartas. El perdedor es el que se queda con la sota de copas.

7. ¡A cazar!

Haz dos parejas de dos jugadores cada una. Con tu compañero de equipo, inventa una señal secreta (toser, tocarse la oreja, tarear una canción…) y ponte frente a él. El otro equipo hace lo mismo. Reparte cuatro cartas a cada uno. El resto formará un montón para robar. Distribuye cuatro cartas de ese montón encima de la mesa, cara arriba: cada uno roba las cartas que pueda (cuanto más rápido sean, mejor), pero siempre devuelve el mismo número de cartas que cogió. Cuando ya nadie quiere intercambiar cartas se recogen las cuatro cartas y se colocan debajo del montón. Cuando un jugador reúne cuatro cartas iguales, emite la señal pactada con su compañero, que debe dar un golpe en la mesa y gritar “¡gané!”. Si el contrario adivina que van a gritarlo, puede bloquear su victoria gritando “¡pillado!”.

8. El relojito

Reparte todas las cartas entre los participantes. Los niños se colocan en círculo con su montón de cartas sin mirarlas. Por turnos, van tirando cartas de una en una al montón repitiendo su orden en la baraja: “as, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, sota, caballo y rey”. Si un pequeño tiene la mala suerte de que su carta coincide con la que le toca enunciar, coge todo el montón y lo incorpora a las que ya tiene. El juego comienza de nuevo. Pierde el último que se queda sin cartas.

9. Parejas disparatadas

Pon a prueba la imaginación de los niños con este juego de cartas. Daled dos cartas cualesquiera para que haga una pareja, todo vale siempre que sea coherente o divertido: “las dos son de oros”, “las dos son doses”, “un dos de copas y un rey por las dos copas que se tomarel rey”… Si no es capaz de encontrar relación se queda con las cartas y suma otras dos a la siguiente ronda.

10. Las siete y media

Un clásico muy fácil para los niños. Las figuras de la baraja –sota, caballo y rey– valen medio punto; el resto valen el número que tengan. Reparte una carta a cada jugador y después ve dándoles tantas cartas como quiera. El objetivo es sumar siete puntos y medio. Si te pasas, quedas eliminado. Cuando todos los jugadores tienen sus cartas les dan la vuelta y gana el que tenga 7,5 o más se haya acercado.


disfraces para niños

Los beneficios de los disfraces para los niños

El juego preferido de Ismael, de cinco años, es vestirse como Harry Potter y jugar a ser el protagonista de una película que él mismo se va inventando sobre la marcha. En cambio, su hermana Claudia, que es un año menor, prefiere disfrazarse de hada, para tocar las cosas con su varita mágica y convertirlas en lo que le apetece.

A su amiga Sonia, sin embargo, le encanta vestirse como su madre, de enfermera, y hacer que cura a los niños que juegan con ella. Son ejemplos que ponen de manifiesto las distintas preferencias de los niños a la hora de disfrazarse y un punto en común: el placer que sienten al hacerlo.

UN JUEGO MUY SALUDABLE

Jugar a disfrazarse es algo muy necesario en la vida del pequeño, ya que contribuye a su desarrollo. Cuando el niño se viste de un personaje y se imagina una historia con ese disfraz, está dando rienda suelta a su fantasía, a su espontaneidad y a su creatividad. “En esta etapa, hasta los seis años, en el mundo del niño reina la imaginación: se inventa compañeros de juego invisibles y disfruta creando personajes y situaciones.

Se trata de una edad mágica, en la que el mundo real y el mundo imaginario todavía no están claramente diferenciados”, nos explica Elena Gállegos, psicóloga infantil.

La fantasía es natural y saludable para el equilibrio emocional del pequeño. Eso sí, “siempre que no se pase todo el tiempo en ese universo fantasioso y que no lo viva de manera tan intensa que pierda por completo el sentido de la realidad”, advierte la especialista.

Además de divertido, disfrazarse es un método estupendo para que los niños expresen sus sentimientos. Por eso es uno de los recursos que más utilizan los terapeutas infantiles para ayudar a los pequeños a vencer los problemas de relación (como la timidez) y los miedos (a los perros, a los fantasmas…).

También es la manera más fácil de enseñar a los niños a ponerse en el lugar de los demás, lo que les ayuda a tener más empatía y a integrarse mucho mejor en el mundo que les rodea.

Y hay algo más, muy interesante: el disfraz puede ayudarnos a descubrir cómo percibe el niño a los adultos que conviven con él. Observad a vuestro pequeño cuando se disfrace de papá o de mamá y actúe como tal. Probablemente os sorprenda la imagen que tiene de vosotros y os lleve a reflexionar sobre si la relación que mantenéis con él es buena o hay algunas cosas que debéis cambiar. También es bueno que os fijéis en cómo actúa si se disfraza de profesor o de profesora. Así podréis descubrir si se siente bien en su colegio o no.

¿Y SI NO LE ATRAE DISFRAZARSE?

A casi todos los niños les gusta disfrazarse, pero también es cierto que algunos disfraces pueden asustarles, como los de monstruos y fantasmas y los que les tapan la cara. De hecho, a esta edad la mayoría aún prefieren los que llevan la cara al descubierto. “Así, además de sentirse más cómodos, tienen una señal permanente que les aferra a la realidad y sienten menos miedo”, apunta la especialista.

Si al niño le da miedo un disfraz, no hay que obligarle a llevarlo, porque su fantasía puede intensificar sus temores y hacer que tarde más en superarlos. Y, del mismo modo, si lo rechaza porque “le queda ridículo”, también hay que respetarlo. Lo mejor es que él elija el traje que más le guste. Así disfrutará al máximo de la interesante y divertida experiencia de ir vestido de otro.


juegos para los días de lluvia

Diez juegos para los días de lluvia

1. Una jungla en el salón

Para este juego necesitarás una baraja de cartas y algunas monedas de céntimo de euro. Cada jugador elige el sonido de un animal diferente. Una vez que os hayáis aprendido todos, repartiréis cartas de una en una. Cuando dos jugadores tengan naipes iguales –dos sotas, dos sietes o dos ases– cada uno de ellos tendrá que hacer el ruido del contrario. El que lo haga antes le quita una moneda al otro. Ganará el que más monedas obtenga cuando se hayan repartido todas las cartas. A partir de 7 años. Aquí tienes otros juegos con cartas.

 

2. ¡Stop!

Para este juego necesitarás papel, boli y mucha memoria. Cada jugador dibuja varias columnas en su hoja de papel. Cada una representa una categoría: alimento, nombre, ciudad, animal, famoso, marca… Todos los jugadores deben tener las mismas categorías escritas en su papel. El más mayor de los participantes comenzará a repetir mentalmente el alfabeto y el más pequeño le parará cuando quiera. Tiene que decir la letra por la que iba y todos los jugadores intentarán completar todas las categorías con una palabra que empiece por esa letra. Por ejemplo, si es la letra N: naranja, Noemí, Nairobi, nutria, Nuria Roca, Nivea… El primero que acabe grita “¡Stop!” y todos dejan de escribir. Cada categoría vale dos puntos, uno si dos jugadores han repetido la misma palabra. Se suman los puntos obtenidos con esa letra y se continúa jugando con nuevas letras hasta que se completa la hoja. Gana el que más puntos obtenga. A partir de 8 años.

 

3. ¿Qué será, será?

Coge una gran bolsa y mete dentro diferentes objetos que encuentres por casa: un peluche, un boli, un trozo de plastilina, un calcetín, una esponja, una cuchara, una moneda… ¡todos los que quieras siempre que no sean punzantes! Venda los ojos de tu hijo y deja que vaya tocándolos uno a uno para ver cuántos es capaz de adivinar. Si jugáis varios miembros de la familia, gana el que más acierte. A partir de 5 años. También puedes mantener el misterio diciéndole alguna adivinanza.

 

4. Los pies ingeniosos

Un juego tan fácil de explicar como difícil de conseguir. Cada jugador debe sentarse en una silla, con los pies descalzos y una cuerda atada a los pies –cada extremo de la cuerda en un tobillo–. Deben intentar hacer un nudo con los pies. Gana el primero que lo logre, ¡si es que alguno lo hace! A partir de 8 años.

 

5. Las películas

Es un clásico de las reuniones de adultos y, sabiendo qué películas escoger, igual de divertido para los más pequeños de la casa. ¿El funcionamiento? Muy sencillo? Reparte a los participantes en dos equipos. Uno de los equipos piensa una película –en este caso infantil– y se lo dice a uno de los miembros del equipo contrario, que ha de representarlo sólo con mímica durante un minuto. Si pasado este tiempo no lo ha logrado, el equipo contrario se anota un punto. A partir de 6 años.

 

6. Señales luminosas

Aprovecha la atmósfera oscura por culpa de las nubes que llega desde la calle para convertir tu casa en el hogar del misterio. Apagad todas las luces y tumbaros en el suelo. Por turnos, los jugadores cogerán una linterna y “escribirán” con ella una palabra o un número sobre el techo. El jugador que la descifre correctamente podrá escribir en el turno siguiente. A partir de 7 años.

 

7. Fui al mercado y compré…

Un juego ideal para poner a prueba la memoria de los más pequeños de la casa. Sentaditos en el salón, uno de los jugadores comienza diciendo “Fui al mercado y compré patatas”; el jugador siguiente ha de añadir un producto repitiendo el anterior: “Fui al mercado y compré patatas y lechuga”; “Fui al mercado y compré patatas, lechuga y queso”; “Fui al mercado y compré patatas, lechuga, queso y un kilo de naranjas”… Los jugadores se van eliminando a medida que no consigan recordar lo que han dicho los demás. A partir de 6 años.

 

8. La palabra interminable

Pensado para los niños más pequeños, este juego les divertirá y les enseñará a distinguir los sonidos de las sílabas. Consiste en que vayáis encadenando palabras empezando con la última sílaba de la palabra anterior. Por ejemplo, si la primera palabra es “sopa”, el siguiente dirá algo que empiece por “pa”, como “patata”, y así sucesivamente: sopa, patata, taza, zapato, tomate, tetera… Pierde el primer jugador que se quede sin nada que decir. A partir de 5 años.

 

9. ¿Quién soy?

Escribe el nombre de personajes famosos y reconocibles para los niños en varias tarjetas: Mickey, Pocoyó, Iniesta, Ronaldo, Blancanieves… Pon las tarjetas del revés. Cada jugador cogerá una de ella y, sin mirarla, se la colocará en la frente –puedes sujetarla con una cinta para el pelo o un poquito de cinta adhesiva–. Todos los jugadores veréis quién es salvo el que porta la tarjeta, que tendrá que hacer diferentes preguntas a sus compañeros, que solo podrán responder con “sí” o “no”. “¿Soy un futbolista”, “no”, “¿soy un dibujo animado?”, “sí”, “¿soy un pato?”, “sí”, “¡soy el pato Donald!”. Podéis fijar un tiempo máximo para adivinarlo o un número de preguntas. A partir de 5 años.

 

10. El rey cortejado

Uno de los jugadores es el rey, o la reina, y se sienta en su trono. Por turnos de 20 segundos, el resto de jugadores intentan hacerle reír valiéndose de muecas, reverencias y frases cortas pero dirigidas a un soberano –“¿sería tan amable de bailar conmigo?–. El cortesano que logre su objetivo se convierte en rey.

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jugar con tu bebé

Cómo jugar con tu bebé

Bebés hasta 4 meses

Tal vez hayas notado que la visión de tu bebé recién nacido es un tanto limitada. Parece no notar las cosas que están lejos, pero si colocas algo dentro de su línea de visión (de 8 a 10 pulgadas / 20 a 25 cm de su cara es lo ideal), de pronto “es todo ojos”. Esta es una habilidad necesaria para su supervivencia. Ten en cuenta que los bebés vienen al mundo equipados para encontrar alimento, ¡y 8 a 10 pulgadas es la distancia entre su carita y la tuya, cuando le estás dando de comer! Explora el desarrollo de la destreza visual de tu bebé con un sencillo juego de marionetas para los dedos.

Bebés hasta 3 meses

Las sonajas han estado presentes desde antaño, y la razón es muy simple: a los bebés les encanta ver y escuchar estos instrumentos de percusión.

Entre los regalos para los nuevos papás, casi siempre se incluye una sonaja. Pero si no tienes una, puedes usar cualquier objeto que haga ruido para esta actividad. Cuando tu bebé esté recostado sobre su espalada, sostén una sonaja frente a su carita y sacúdela ligeramente. Coloca la sonaja hacia un lado de su cara y sacúdela de nuevo, y haz lo mismo en el lado opuesto de su cara.

Al principio, tu bebé solo podría notar el cambio de ubicación de la sonaja, pero eso le llamará mucho su atención (procura no hacer mucho ruido con la sonaja porque se puede asustar). Dependiendo de qué tan rápido se desarrolla, tu bebé podrá con el tiempo seguir la sonaja con sus ojos.

Tu bebé es aún muy pequeño para agarrar objetos, pero si le pones uno en su mano (particularmente uno liviano hecho de tela o plástico), podría involuntariamente enrollar sus deditos alrededor de este y mover sus manos. Es así como descubre que él mismo puede mover algo. Podrías notar en tu bebé una expresión de goce que ¡no tiene precio!